enero 11, 2011

Tú acababas de ducharte. El sol se estaba poniendo. ¿Recuerdas? Estabas cambiándote de ropa y miraste por la ventana para ver el atardecer. Estabas jugando con la pulsera que Simon te había regalado y cuyo broche no ajustaba bien. ¿Ya habías decidido dejarlo? ¿Era eso, quizá, lo que William intuyó mientras te observaba? La puerta no estaba cerrada del todo. Sabemos que tú no lo sabias. Fue un accidente, no una invitación, pero un accidente que le permitió a William observarte. La casualidad de aquella puerta entreabierta a la luz del atardecer hizo que vuestras siluetas fueran visibles para Simon cuando llegó con su coche. Te vio mirando a través de la ventana y a su padre observándote. Todo estaba en calma t nadie dejó de mirar.

Elliot Perlman, Ambigüedad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario