¿En qué pensás?, estuvo a punto de preguntarle. Pero se detuvo. Sabía que la frase resonaría en la habitación como sentencia, como sólo puede hacerlo a las horas en que el resto de la humanidad duerme, salvo los amantes. Por otro lado, detestaba escucharse hacer esas preguntas tan fastidiosamente femeninas. A esta altura debería saber que nada de lo que dijese podría ser cierto. Escuchar una respuesta le demandaría el esfuerzo adicional de descifrarla. Era demasiado tarde para intentar encontrar las palabras detrás de las palabras. Quizás sería más fácil aceptar que después del amor los caballeros no piensan sino que sólo se dan media vuelta y duermen.
Shh.
septiembre 15, 2010
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